Has pedido tu primera cita con el psicólogo y, a medida que se acerca el día, empiezan las dudas.
Quizá llevas tiempo pensando que necesitas ayuda, pero ahora te preocupa no saber explicar lo que te ocurre. Repasas mentalmente qué vas a contar, intentas ordenar los acontecimientos y te preguntas si deberías empezar por lo que pasó hace años o por lo que te preocupa ahora.
Puede que incluso pienses: «¿Y si me pregunta qué me pasa y me quedo en blanco?».
A muchas personas les cuesta imaginar cómo será su primera sesión de terapia. Hablar de lo que nos preocupa con alguien a quien todavía no conocemos puede generar nervios, vergüenza o incertidumbre.
No necesitas llegar a consulta con un discurso preparado, un diagnóstico ni una explicación perfecta de lo que sientes. Precisamente, una de las funciones de las primeras sesiones es ayudarte a comprender qué está ocurriendo.
En este artículo te explicamos qué puedes contar en tu primera sesión con el psicólogo, qué suele ocurrir durante la consulta y qué puedes hacer si te resulta difícil empezar a hablar.
¿Qué decir en la primera sesión con el psicólogo?
Puedes empezar por aquello que te ha llevado a pedir cita, aunque todavía no sepas cómo llamarlo.
Quizá te encuentras más irritable, estás durmiendo mal, tienes dificultades en tu relación de pareja o sientes que llevas meses funcionando por inercia. También puede ocurrir que no identifiques un problema concreto, pero notes que algo ha cambiado y quieras comprenderlo.
No tienes que resumir toda tu vida en los primeros minutos.
Una manera sencilla de empezar es explicar qué está siendo difícil últimamente y por qué has decidido buscar ayuda ahora.
Por ejemplo, podrías decir:
«Llevo una temporada sintiéndome desbordada y no sé muy bien por qué».
«Me cuesta gestionar algunas situaciones con mi pareja y siento que estamos repitiendo siempre lo mismo».
«No sé si lo que me pasa es ansiedad, pero estoy preocupada y me gustaría entenderlo».
«Es la primera vez que vengo al psicólogo y me cuesta hablar de estas cosas».
Todas estas frases pueden ser un punto de partida. No tienen que contener toda la información necesaria para comprender tu situación.
La psicóloga irá haciendo preguntas para conocer mejor lo que te preocupa y ayudarte a ordenar aquello que todavía no sabes cómo explicar.
¿Qué decir en la primera sesión con el psicólogo?
Puedes empezar por aquello que te ha llevado a pedir cita, aunque todavía no sepas cómo llamarlo.
Quizá te encuentras más irritable, estás durmiendo mal, tienes dificultades en tu relación de pareja o sientes que llevas meses funcionando por inercia. También puede ocurrir que no identifiques un problema concreto, pero notes que algo ha cambiado y quieras comprenderlo.
No tienes que resumir toda tu vida en los primeros minutos.
Una manera sencilla de empezar es explicar qué está siendo difícil últimamente y por qué has decidido buscar ayuda ahora.
Por ejemplo, podrías decir:
«Llevo una temporada sintiéndome desbordada y no sé muy bien por qué».
«Me cuesta gestionar algunas situaciones con mi pareja y siento que estamos repitiendo siempre lo mismo».
«No sé si lo que me pasa es ansiedad, pero estoy preocupada y me gustaría entenderlo».
«Es la primera vez que vengo al psicólogo y me cuesta hablar de estas cosas».
Todas estas frases pueden ser un punto de partida. No tienen que contener toda la información necesaria para comprender tu situación.
La psicóloga irá haciendo preguntas para conocer mejor lo que te preocupa y ayudarte a ordenar aquello que todavía no sabes cómo explicar.
¿Y si no sé por dónde empezar o me quedo en blanco?
Puede ocurrir que hayas pensado muchas veces en lo que quieres contar, pero al sentarte en consulta no encuentres las palabras.
Quizá sientes que, si empiezas por una cosa, estarás dejando fuera otras que también son importantes. O puede que te cueste hablar porque temes emocionarte.
Si te sucede, puedes expresarlo directamente.
Decir «no sé por dónde empezar» también proporciona información sobre cómo estás viviendo ese momento.
La profesional puede ayudarte mediante preguntas, proponerte que empecéis por alguna situación reciente o darte tiempo para que encuentres una forma de explicar lo que sientes.
No tienes que mantener una conversación fluida durante toda la sesión ni responder inmediatamente a cada pregunta.
La primera consulta no es una prueba en la que tengas que demostrar que sabes hablar de tus emociones. Es el comienzo de un proceso en el que también podéis descubrir qué te ayuda a sentirte con suficiente confianza para hacerlo.
¿Qué suele pasar en la primera sesión de terapia psicológica?
Cada profesional tiene su manera de trabajar y cada motivo de consulta requiere una valoración diferente.
Por eso, no todas las primeras sesiones siguen el mismo orden. Sin embargo, hay algunas cuestiones que suelen formar parte de este primer encuentro.
Conocer el motivo por el que has pedido ayuda
Es habitual que la psicóloga te pregunte qué te ha llevado a consultar y qué está ocurriendo en este momento de tu vida.
Puede interesarse por cuándo empezó el malestar, qué situaciones lo intensifican y cómo está afectando a tu día a día.
Si acudes por ansiedad, por ejemplo, quizá necesite conocer cómo se manifiesta, desde cuándo te ocurre y qué has intentado hacer para afrontarla.
Si consultas por dificultades de pareja, puede que empecéis por comprender qué está sucediendo en la relación y cómo te está afectando.
No se trata de aplicar las mismas preguntas a todas las personas, sino de reunir información relevante para tu situación.
Comprender un poco mejor tu contexto
Además del problema que te preocupa, puede ser importante conocer aspectos de tu vida que ayuden a comprenderlo.
Por ejemplo, cómo estás descansando, qué responsabilidades tienes, cómo son tus relaciones o si has atravesado cambios recientes.
También puede ser pertinente preguntar por tu salud, tratamientos anteriores o experiencias que consideres importantes.
No significa que tengas que contar toda tu historia personal en una sola sesión.
La valoración puede desarrollarse a lo largo de varios encuentros, de acuerdo con tus necesidades y con la información que resulte necesaria para orientar el trabajo.
Resolver dudas sobre el proceso
La primera sesión también es un espacio para que tú puedas preguntar.
Puedes consultar cómo se trabaja en terapia, qué frecuencia podría ser adecuada, cómo se establecen los objetivos o qué sucede si no sabes si quieres continuar.
También es importante que conozcas las condiciones de la atención, la confidencialidad y las cuestiones prácticas que afectan al proceso.
La relación terapéutica no consiste únicamente en que la profesional te haga preguntas. Tú también necesitas comprender qué se está haciendo y sentir que puedes participar en las decisiones sobre tu atención.
¿Tengo que contar toda mi vida en la primera sesión?
No. No es necesario explicar toda tu historia personal durante el primer encuentro.
Quizá hay experiencias que todavía te cuesta recordar o asuntos de los que nunca has hablado con nadie. También puede que necesites conocer mejor a la profesional antes de sentirte con confianza para abordarlos.
Puedes decir que hay algo importante de lo que prefieres hablar más adelante.
La psicóloga puede ayudarte a valorar qué información resulta necesaria en ese momento y cómo continuar la conversación de una manera respetuosa con tus necesidades.
Esto no significa que toda pregunta deba posponerse indefinidamente. En determinadas situaciones, especialmente si existe algún riesgo para tu seguridad o salud, la profesional puede necesitar información relevante para valorar qué atención necesitas.
Lo importante es que puedas comprender por qué se te pregunta algo y expresar si te resulta difícil hablar de ello.
¿Qué pasa si lloro durante la primera sesión?
A veces, hablar de una situación que llevas tiempo intentando sostener despierta emociones intensas.
Puede que llores al recordar algo que te ha dolido, al explicar cómo te encuentras o incluso cuando alguien te pregunta por primera vez cómo estás viviendo una situación.
También puede ocurrir que no llores, aunque estés atravesando un momento muy difícil.
Ninguna de estas respuestas determina lo importante que es tu problema.
Si te emocionas durante la consulta, puedes tomarte un momento para recuperar el ritmo de la conversación.
No necesitas disculparte por llorar ni sentir que tienes que continuar hablando inmediatamente.
Y si no te emocionas, tampoco tienes que demostrar tu malestar de otra manera para que sea tenido en cuenta.
¿Y si me da vergüenza contar lo que me pasa?
Hay motivos de consulta que resultan especialmente difíciles de explicar.
Quizá te preocupa que la psicóloga piense que estás exagerando, que has tomado malas decisiones o que debería resultarte fácil resolver lo que te ocurre.
Puede que sientas vergüenza por un problema de pareja, por tu relación con la comida, por pensamientos que te inquietan o por una conducta que te cuesta controlar.
La vergüenza puede hacer que tardes más en abordar determinados temas. Si reconoces que te está sucediendo, puedes empezar hablando de esa dificultad.
Por ejemplo: «Hay algo que me preocupa, pero me da mucha vergüenza contarlo».
No hace falta que compartas de inmediato todos los detalles para que la profesional pueda comprender que ese asunto necesita un espacio cuidadoso.
Una atención psicológica adecuada debe permitirte plantear dudas y dificultades sin humillaciones ni juicios morales.
¿Y si creo que mi problema no es lo bastante importante para ir al psicólogo?
Quizá conoces a personas que están atravesando situaciones que consideras más graves y piensas que lo tuyo no justifica pedir ayuda.
O puede que lleves tanto tiempo sintiéndote de una determinada manera que hayas empezado a considerar normal vivir así.
No necesitas comparar tu malestar con el de otras personas.
Puede ser útil consultar cuando una preocupación está afectando a tu descanso, tus relaciones, tu trabajo o tu capacidad para disfrutar, aunque todavía no sepas si existe un problema psicológico concreto.
También puedes acudir porque estás atravesando una etapa de cambio, quieres comprender patrones que se repiten en tus relaciones o necesitas orientación para afrontar una situación difícil.
La valoración profesional sirve, entre otras cosas, para comprender qué está ocurriendo y decidir si la terapia es adecuada para ti o si conviene otro tipo de apoyo.
Cómo prepararte para tu primera sesión sin agobiarte
No es obligatorio preparar nada especial. Sin embargo, si te preocupa quedarte en blanco, puede ayudarte llevar anotadas algunas ideas.
No necesitas redactar un relato completo ni ordenar todos los acontecimientos de tu vida.
Puedes pensar en tres cuestiones sencillas: qué está siendo difícil últimamente, cómo te está afectando y qué te gustaría que cambiara.
Por ejemplo, quizá quieras explicar que llevas semanas durmiendo mal, que las discusiones con tu pareja se han vuelto frecuentes o que estás dejando de hacer planes porque no te encuentras bien.
También puedes anotar alguna pregunta sobre la terapia que te gustaría resolver.
Si estás siguiendo un tratamiento médico o tomando medicación que pueda ser relevante para tu motivo de consulta, conviene disponer de esa información para comentarla cuando corresponda.
Prepararte no debería convertirse en una nueva fuente de exigencia. Si no has tenido tiempo de pensar en todo esto, puedes empezar igualmente.
Preguntas que puedes hacerle al psicólogo en la primera consulta
Es razonable que quieras saber cómo se va a desarrollar el proceso antes de decidir si deseas continuarlo.
Puedes preguntar qué enfoque de intervención se propone para tu situación, cómo se valorará tu evolución o qué alternativas existen si el acompañamiento ofrecido no encaja con tus necesidades.
También puedes consultar aspectos prácticos, como la duración de las sesiones, las condiciones de cancelación o la posibilidad de realizar terapia online.
Si tienes dudas sobre la confidencialidad, puedes preguntar cómo se protege tu información y cuáles son los límites legales y profesionales que correspondan.
No hace falta que plantees todas estas cuestiones el primer día. Puedes resolverlas a medida que aparezcan.
Lo importante es que tengas información suficiente para participar en tu proceso y expresar aquello que necesitas comprender.
¿Cómo sé si me he sentido cómoda con mi psicóloga?
Después de la primera sesión, quizá te preguntes si has elegido bien a la profesional o si la terapia podrá ayudarte.
No siempre es posible responder a esas preguntas tras un único encuentro. Es normal necesitar algo de tiempo para conocer a una persona y familiarizarte con una forma de trabajar.
Aun así, puedes prestar atención a ciertos aspectos de la experiencia.
¿Has podido expresar tus dudas? ¿Has sentido que se escuchaba lo que te preocupaba? ¿Has comprendido, al menos de manera inicial, para qué sirve la valoración y cómo podría continuar el proceso?
No es necesario salir de la primera sesión sintiéndote mejor o con todas las respuestas.
Puede que hayas hablado de asuntos difíciles y necesites tiempo para asimilar lo que has compartido.
Si algo de la sesión te ha incomodado o no has entendido una pregunta o una propuesta, puedes comentarlo. La posibilidad de hablar sobre cómo estás viviendo la terapia también forma parte del trabajo.
¿Qué ocurre después de la primera sesión?
Dependerá de tu motivo de consulta y de la valoración que se esté realizando.
En algunos casos, será necesario dedicar más sesiones a comprender la situación antes de concretar los objetivos de intervención.
En otros, quizá sea posible identificar desde el principio algunas dificultades sobre las que empezar a trabajar.
La profesional debería poder explicarte qué pasos se proponen y por qué pueden ser adecuados para ti.
La frecuencia de las sesiones y los objetivos deben revisarse teniendo en cuenta tus necesidades, tus circunstancias y cómo evoluciona el proceso.
La primera sesión no tiene que resolver todo lo que te preocupa. Su función es comenzar a comprenderlo y establecer una base para el trabajo posterior.
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En Clínica Rocío Díaz Psicología ofrecemos atención presencial en Santander y terapia online.
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En las primeras sesiones buscamos conocer tu situación y valorar qué tipo de acompañamiento puede ayudarte, teniendo en cuenta tu motivo de consulta, tus necesidades y tu momento vital.

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